Como las relaciones profesionales afectan a la salud


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Saber relacionarnos es  una habilidad esencial en cualquier actividad humana.

Las malas relaciones son a menudo gran causa de estrés en la medida en que nos sentimos impotentes de no saber cómo modificar y reorientar la relación para el beneficio mutuo.

No sentirse reconocido por el otro en una relación profesional,  puede ser una de las causas más importantes generadoras de estrés. Influye en nuestra emoción y conducta haciéndonos individuos más o menos capaces y válidos.

Según Maslow, en su pirámide de niveles de necesidades humanas, el nivel de reconocimiento es una necesidad básica e instintiva sin la cual nuestros fundamentos se tambalean.

Esta necesidad, abarca desde valores como el respeto hacia los otros y hacia uno mismo, la seguridad, autoestima, el logro de uno mismo, la atención y dignidad hasta sentimientos de autoconfianza, competencia, independencia y libertad.

 Su déficit crea malestar al no poder la persona satisfacer sus niveles de valoración o respeto, atención o competencia.

 En las relaciones profesionales, la falta de valoración y reconocimiento actúa en  detrimento del rendimiento empresarial, pues un trabajador valorado y reconocido puede aportar sus competencias con mayor motivación que el que no lo está y ello para el beneficio de sus compañeros y empresa.

Por el contrario la falta de respeto o valoración mermará las capacidades y causará una insatisfacción profunda que puede ser  la causa de problemas de salud, como estrés, tensión física y emocional y conductas impropias como alcoholismo o drogadicción.

Sabiendo que las emociones actúan en el terreno físico, cualquier carencia emocional causada por una insatisfacción básica de nuestras necesidades se añadirá al carro de la preocupación, inquietud, falta de motivación, malestar profundo, absentismo o presentismo.

¿Cómo entonces invertir está dinámica debilitadora de recursos?

Saber relacionarse es todo un arte, pues necesita de un cierto autocontrol emocional a partir de un conocimiento de sí mismo y de sus propias posibilidades.

Cada uno puede preguntarse como generar un clima de bienestar relacional.

Saber generar este tipo de dinámica suele relacionarse con la capacidad de apreciar lo positivo más que lo negativo, en lenguaje coloquial “ver el vaso medio lleno o medio vacío”.

Paliar el déficit del malestar relacional, puede también simplificarse a una palabra, una sonrisa,un gesto, pues estas acciones no solo influyen en el propio bienestar sino que bastan para influir en el estado vital del otro.

Saber reconocer nuestros errores y buscar las soluciones adecuadas puede ser otro antídoto a la insatisfacción.

Y reconocer al otro puede tener consecuencias más allá de nuestras expectativas.

Si queremos empresas más saludables y felices, aprendamos a relacionarnos de manera que podamos obtener satisfacción de nuestros encuentros con terceros.

Siempre habrá algo que podamos recibir, obtener o dar al otro, aunque sea una simple sonrisa.

Susana Ramón

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