¿El bienestar es compatible con la rutina?

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Dicen que volver a la rutina después de las vacaciones produce estrés pos vacacional. Pasados unos días, nos vamos adaptando con la ventaja de sentirnos revitalizados y motivados. El descanso, el ocio y lo que es más el romper con la rutina, la repetición, el habito y con ciertas responsabilidades, permiten el incremento del bienestar. Estas acciones estimulan el sistema nervioso y su capacidad plástica de regenerarse, siendo este sistema uno de los principales impulsadores del equilibrio de nuestro organismo.

Según el neurólogo Carlos Tejero es importante es importante “mantener el cerebro activo para evitar que envejezca pues la rutina entendida como costumbre lo atrofia”.

También señala que la pereza de enfrentar nuevos retos se debe a la atrofia provocada por la rutina y la solución es “crear nuevas conexiones, abrirnos a nuevas vías, mirar de frente a los problemas nuevos y encontrar soluciones”.

Estas citaciones nos conducen a reflexionar: ¿Rutina y bienestar cerebral son compatibles?

¿Podemos mantener el estado de bienestar tan plácidamente adquirido, (cuando nos salimos de la rutina), cuando volvemos a ella?

¿Qué necesitamos para mantener el equilibrio tan generosamente ganado durante las vacaciones?

A menudo hablo con personas que anhelan proseguir con sus rutinas, evitando la precipitación o el estrés que a menudo conllevan sus actividades cotidianas.

Les pregunto que necesitarían para frenar, cambiar el ritmo o cuidarse.

Y me responden “sencillamente hacerlo”, pero no lo hacen.

Solo tomando la decisión y proyectando un plan de acción, uno puedo invertir la inercia que conduce al estrés, al agotamiento o a la enfermedad.

Dejarse sumergir por ritmos frenéticos, es algo muy corriente para muchos.

¿Qué necesitamos entonces para no caer en rutinas “de desgaste” y preservar nuestra salud y bienestar?

Una de las primeras cosas es aprender a gestionar su propio tiempo de trabajo y el tiempo de ocio o personal. Es decir  conciliar vida personal y profesional.

Si estamos muy volcados en el trabajo a detrimento de nuestros periodos de ocio o familiares, esto a la larga hará que la balanza se desequilibre y tambalee de un solo lado, provocando los efectos consecuentes en términos de bienestar y equilibrio en las diferentes áreas vitales de cada uno.

Romper con esta dinámica, es forzosamente beneficiosos para la salud.

Otro punto importante, es aprender a decir no.

Muchas veces queremos abarcarlo todo, nos cuesta delegar o priorizar. Aprender a decir no o poner límites en ciertas situaciones, permita delimitar sus capacidades para expresarlas con eficiencia.

No exigirse metas irrealizables a corto plazo y dosificar sus tareas es una buena manera de gestionar el tiempo y las prioridades.

Y por último, saber romper con la rutina, hacer cosas diferentes, cambiar costumbres y por qué no, retarse en aquellos aspectos que necesitemos.

Una de las definiciones de rutina, es “habilidad que es únicamente producto de la costumbre”. Hacemos las cosas eficazmente porque las conocemos y hemos automatizado las habilidades para hacerlas.

Pero hay otra definición que se refiere al “conjunto de hábitos en una actividad que impide el cambio, la novedad o el progreso”.

Entrar en una rutina cotidiana de repetición, puede ser interesante en ciertos aspectos, pero no, cuando conduce al desgaste y obstaculiza la motivación.

Cuando la rutina se convierte en un impedimento para tomar iniciativas que propicien el cambio, el reto, una mayor recuperación o creatividad, entonces nos enfrentamos con la imposibilidad de tomar decisiones verdaderas para nuestro bienestar, como el saber decir no, gestionar prioridades y conciliar. 

La fuerza de inercia de la rutina, ganará.

Necesitamos renovación, recuperación y de vez en cuando, hacer las cosas de manera distinta a la habitual, para no caer en rutinas de desgaste.

¿Qué puedo hacer hoy de manera diferencial para incrementar mi bienestar?

Está sería una pregunta esencial si queremos mantener nuestro bienestar de manera durable a pesar de los aleas de nuestra cotidianidad.

Probarlo, puede ser muy sencillo: cambiar el trayecto por el cual nos dirigimos al trabajo, invertir alguna acción, ponerse retos cotidianos.

Si aplicamos estas pautas sencillas introduciremos elementos diferenciales, motivacionales y creativos para nuestra salud y bienestar.

Susana Ramón

www.inpuls.es

 

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