Gestionar el cambio desde la emoción

Aprender a gestionar el cambio, es una de las necesidades básicas de nuestro tiempo. Si queremos adaptarnos a la rapidez de los cambios actuales, necesitamos una flexibilidad a prueba de duda.

Podemos considerar que tal flexibilidad se fundamenta en nuestros patrones y reflejos mentales: la rapidez, la capacidad de proyectar nuevas soluciones, de innovarse o reinventarse, de soltar condicionamientos y no “apegarse”,  la habilidad de encarar nuevos retos.

La otra cara de la moneda es que en situaciones de desafío, nos acompaña tanto el aspecto físico (el cuerpo con la energía necesaria) como el emocional (las emociones con el equilibrio deseado).

La gestión del cambio supone un reto a nuestra emoción y por consiguiente a nuestra corporalidad pues a través de ella expresamos las emociones.

Pongamos el ejemplo de dos personas ascendidas a un puesto profesional de mayor liderazgo. Mientras que una de ellas sentirá emoción y desafío frente al nuevo reto que se le presenta y su actitud física tenderá hacia la expansión, la segunda basculará hacia emociones menos positivas o agradables, angustia o miedo de no estar a la altura de las circunstancias, perdiendo energía, vitalidad y capacidad de acción.

¿Qué necesitamos para adaptarnos al cambio?

El cambio no es fácil, nos precipita más allá de las fronteras de nuestra zona de confort. El término “salir de nuestra zona de confort” está de moda.  Maticemos este concepto  modificando su semántica por la expresión “ensanchar nuestra zona de confort”, para sentirnos a la altura de las circunstancias. El término “ensanchar” parece menos agresivo, pues no “soltamos” nuestros hábitos (dejándolos atrás), sino que incrementamos el campo de nuestras posibilidades para aceptar el nuevo cambio. Otro término interesante sería “fluir” con el proceso o la novedad, no resistir, aceptar e incluso incentivar si ello es necesario.

¿Cómo ensanchar nuestra zona de confort?

Ensanchamos nuestra zona de confort adquiriendo habilidades, cambiando nuestras creencias sobre nosotros mismos y desarrollando el potencial propio. Decisión y motivación, coherencia y resistencia, vitalidad y acción, son algunas de las habilidades que nos permitirán manejar el proceso del cambio sin temor a lo desconocido, de lo cual muchas veces estamos faltos de registro.

Si enfrentamos un cambio se produce una transformación. Rompemos un equilibrio para remplazarlo por uno nuevo. Las fuerzas contrarias a ese nuevo orden producen en la mayoría de los casos un oleaje emocional que frena el sabor hacia una vida mejor, personal, profesional o familiar.

Si queremos gestionar el cambio, no nos sirven las mismas actitudes. Tampoco nos sirve conservar las mismas creencias limitantes. Y por último abrirnos al aprendizaje, permitirá cambiar conductas y clarificar la expresión de nuestras emociones.

Mientras que algunas personas necesitan cambiar constantemente de entorno, de trabajo, otros sentirán pánico frente al reto de adaptarse a nuevas situaciones, puestos de trabajo o relaciones.

Cambiar es un desafío que se juega tanto a nivel mental, emocional y físico e implica  a la persona en su totalidad.

¿Qué acciones nos ayudan a gestionar el cambio?

A nivel mental

Concienciarnos de nuestras creencias, pensamientos, actitudes.  ¿Qué fuerzas contrarias procedentes de mis creencias limitantes, obstaculizan mi gestión del cambio?

A nivel emocional

Identificar nuestras emociones, reducir el impacto de las emociones frente a la inseguridad de lo que no controlamos, nos ayudará a vivir mejor el proceso.

Transformar la aprensión, la resistencia en emociones más positivas de facilidad, de superación frente a lo nuevo.

A nivel corporal

Recuperar el equilibrio y la vitalidad, la coherencia y elegancia de nuestro funcionamiento, acordar el instrumento que es el cuerpo para dar más coherencia, rapidez y soltura a la acción.

En definitiva recuperar más bienestar corporal, equilibrio y vitalidad, desarrollar nuestro potencial de acción desde la corporalidad, será el trampolín para una gestión más tranquila y poderosa del cambio pues actuando sobre la gestión del movimiento, cambiamos las estructuras rígidas o esquemas obsoletos de nuestra acción (recordemos que el cuerpo en movimiento es lo que nos permite actuar) en otras más eficientes.

Gestionar el cambio desde la emoción es poder recuperar el poder de nuestras decisiones, sensaciones, pensamientos y movimientos para la acción.  Descubrir la energía y la disposición necesaria para fluir en la gestión del cambio diaria.

Susana Ramon

www.inpuls.es

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