Las claves para aliviar tensiones

Muchos de nosotros tenemos tensiones. ¿Reconocemos su origen?

En la mayoría de los casos la tensión física se origina por un disfuncionamiento o desgaste mecánico. La tensión psíquica o mental procede de impulsos tanto externos como internos que provocan pensamientos y emociones.

En cualquier caso las tensiones físicas y psíquicas se interrelacionan pues cuerpo y mente forman parte de un todo indisociable.

Hay tensiones físicas (dolor, molestias) y tensiones mentales (por ejemplo el estrés) y juntas representan las dos caras de una misma moneda.

Muchas de nuestras tensiones físicas, dolor de espalda, sobrecarga articular, tensión en el cuello y en los hombros, etc, van más allá que una expresión pura y dura de un simple desgaste.

Nuestro sistema musculo- esquelético se desgasta con el tiempo. Las vivencias cotidianas, los ritmos acelerados, los imprevistos y la edad originan desgaste y con él un inadecuado funcionamiento de nuestro aparato neuro-motor.

No hay más que ir a un gabinete de fisioterapia para darse cuenta de las dolencias que padece la mayor parte de la población. En él, se refleja la relación que mantenemos con nuestro cuerpo y las señales de disfuncionamiento de este.

La interrelación cuerpo–mente no es una evidencia para todos pero cada vez más estudios neurocientíficos demuestran como nuestros pensamientos y emociones influyen en nuestra condición corporal y como el estado corporal o postura vivenciada influye en la mente  (pensamientos y emociones).

Quien no ha sentido su corazón palpitar al tener que hacer una presentación delante de 1000 personas.

Quien no ha demostrado satisfacción y alegría después de una larga caminata por el bosque o un partido de tenis en el cual se activaron las endorfinas (hormonas de la felicidad que se activan al hacer deporte).

Cotidianamente podemos verificar esa grata o ingrata relación entre cuerpo y mente. Ingrata pues, cuando sentimos preocupación o estrés, se nos desmorona la vitalidad y la capacidad de estar presentes, concentrados, activos y saludables. Nos sentimos pesados y poco talentosos en nuestros movimientos. Lo contrario también es cierto.

Sabemos que nuestras emociones positivas o negativas determinaran el estado de vitalidad corporal por un sistema de riego sanguíneo ligado a la secreción de neurotransmisores y hormonas (las más conocidas y populares son las del estrés). Ellas se encargan de preparar y/o congestionar el cuerpo para que responda eficazmente a los diferentes imprevistos y situaciones

Pero esa no es la única causa por la sumamos tensiones. En el campo tanto profesional como personal, estamos sometidos a posturas sedentarias que, prolongadas durante largo tiempo, impiden una buena circulación e irrigación de nuestros tejidos, provocando las consecuentes dolencias asociadas al sedentarismo: tensión en la parte baja de la espalda (lumbalgias), en los hombros y cuello, fatiga ocular, hinchazón en las piernas por mala circulación.

Y eso no es todo, muchas profesiones también implican gestos repetitivos y posturas forzadas, donde el cuerpo está sometido a una gran sobrecarga física.

Nuestra vida cotidiana personal no está exenta de ritmos trepidantes, pues la sociedad actual con su vorágine temporal y el aumento constante de la rapidez en todo lo que hacemos (parece que todo vaya cada vez más rápido), influye en nuestros biorritmos: levantarse, conducir, llevar los niños al colegio, trabajar, relacionarse, atender a los diferentes problemas , responsabilidades o situaciones, volver a conducir.

¿Entonces, cuáles serían las claves para vivir sin tensión o aliviarla?

Conocer nuestro cuerpo y dedicarle la atención necesaria sería un buen punto de partida para conservar la inteligencia de nuestros sentidos y la emocional.

Imposible adquirir equilibrio emocional si padecemos tensión pues el dolor y el cansancio son un freno a la expresión de emociones positivas como la alegría y la satisfacción.

Si nos dedicamos a “escuchar” las palabras de nuestro cuerpo veremos la importancia de gestionar nuestros límites y cuidarnos mejor.

De lo contrario, si no atendemos a nuestros límites, causaremos dolor y desorganización en nuestro sistema. Conocer los límites de uno significa aceptarlos y superarlos de manera inteligente, consciente, expresando y respetando nuevas posibilidades.

Conocer nuestras emociones y elegir funcionar con las buenas en cuanto se pueda. Entender que emociones y corporalidad van juntas de la mano.

Si sabemos escoger emociones o discursos más positivos en nuestro día a día, podremos también imperceptiblemente cambiar nuestra energía y vitalidad.

A ello le sumamos pensamientos y sensaciones.

Decidir que nuestras emociones sean más positivas conlleva un cambio importante en nuestros pensamientos, sensaciones y acciones.

Aprender a responsabilizarnos de nuestra salud y bienestar. No basta con conocer nuestros límites, atenderse o cambiar pensamientos y emociones.

Para preservar la salud física es necesario poner el cuerpo en acción para recuperar el equilibrio perdido.

Con un sistema inteligente de aprendizaje corporal y de cómo nos movemos (movimientos),  activamos el sistema natural de autorregulación de nuestro cuerpo (o autoorganización).

Desde la corporalidad, podemos relajar tensiones tanto físicas como mentales pues a la entropía (caos, desorden de un sistema) oponemos la entropía negativa (reajuste del sistema para un buen funcionamiento).

Dicho de otra manera, relajando y aliviando las tensiones físicas,  actuamos sobre las tensiones ligadas al estrés (emociones) y a los pensamientos, reapropiándonos de mecanismos más acordes de nuestro organismo, para la búsqueda del equilibrio y la vitalidad.

Disfrutar de una nueva estructura corporal, más organizada, eficiente y vital para la acción. Conocernos a través del cuerpo es amarlo y amarnos, sentirnos por él y a través de él. Es recuperar una identidad más completa. Es  a la vez entender el talante de nuestras emociones pensamientos y acciones.

Podemos cambiar nuestra vivencia corporal desde el pensamiento y las emociones fuertes y poderosas. Podemos también eliminar nuestras tensiones emocionales aliviando nuestras tensiones físicas y recuperando una mejor organización y funcionamiento.

Es difícil aislar la vertiente física de la emocional o psíquica pues funcionamos como un todo, un sistema bien preparado y resistente hasta que se desajusta.

Prueba ahora

¿Qué sientes en tu cuerpo cuando te sientes abrumado por cualquier situación?

Seguramente solo sientes tensión cuando te duele algo por haber forzado el gesto, haberte fatigado o excedido en tu actividad física.

Aprende a escuchar que te ocurre, cuando te sientes superado emocionalmente.

Cuando alguien te incomoda o estás indeciso para tomar una decisión.

Para aprender a llevar esa atención a ti mismo te voy a proponer unos movimientos que te ayudarán a vivir mejor tu día a día.

Siéntate. Date un tiempo para ti, para escucharte y conocerte. Sentirte. Muchas veces el ritmo que llevamos nos impide sentirnos en el aquí y ahora.

Relaja los pies, las piernas, siente la pelvis apoyada en la silla, el peso de tu cabeza, de tus hombros, de tus brazos y manos.

Siente el contacto de los pies en el suelo, de la pelvis en la silla.

Siente tu espalda, ¿cómo se endereza? ¿Cuesta mantenerla erguida?

Siente tu cabeza reposando sobre el cuello y la columna.

Gira la cabeza de un lado para otro, suavemente. Si hay dolor reduce la amplitud.

Siente si es más fácil girarla hacia un lado o hacia el otro.

Descansa.

Avanza un hombro hacia adelante sin esfuerzo (es importante moverte con atención a lo que haces, si  te mueves mecánicamente el beneficio será limitado).

Avanza el otro hombro, suavemente, avanza uno y el otro y siente qué hombro es más flexible.

Descansa.

Avanza una rodilla (el muslo y una parte de la pelvis avanzan también).

¿Hasta dónde sientes este movimiento en el tórax? ¿Qué sientes en el otro lado del cuerpo?

Avanza la otra rodilla y nota si hay alguna diferencia de calidad y amplitud entre un lado y el otro.

Descansa.

Vuelve a hacer un “inventario” de la posición sentada y observa si hay diferencias.

¿Te sientes mejor?

Solo por haber dedicado unos minutos a tu propio bienestar y conocimiento pueden haber sucedido cambios. Siéntelos y repite estos movimientos tantas veces como quieras a diario cuando estés sentado y sientas tensión o fatiga

Veras como podrás aliviar tus tensiones tanto físicas como psíquicas.

Susana Ramon

www.inpuls.es

 

 

 

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