Los propósitos del año nuevo ¿realmente funcionan?

El nuevo año es el momento propicio para comenzar algo nuevo, diferente. Para algunas personas crear un nuevo yo es el propósito, para otras cambiar su vida social, mejorarse, hacer nuevos amigos, trabajar más o menos, viajar. Pero realmente ¿funciona tomar nuevas resoluciones? ¿Qué es lo que nos hace diferentes de los demás cuando cumplimos nuestros propósitos? ¿Qué es lo que caracteriza a aquellos que saben lo que quieren y logran materializarlo?

Veamos algunas acciones que ayudan al propósito.

Enfocarse. Saber lo que se quiere, es un privilegio que no todos disfrutan. Tener foco empieza por saber quién se es, conocerse y conocer lo que de veras se necesita. Luego es menester discriminar, elegir y priorizar.

Decidir. Decidir nos empodera y nos hace personas más fuertes para dirigirnos ahí donde queremos dirigirnos. Para decidir, necesitamos cambiar ciertas creencias que obstaculizan nuestros pensamientos, emociones y acciones. En términos actuales hablaríamos de renovar creencias profundas.

Creer. Creer en aquello que queremos alcanzar desautoriza la cruda realidad. Por muy lejanas que sintamos nuestras expectativas del momento real, vivir el momento deseado con toda su potencialidad, es en sí, una manera de apropiárnoslo. Necesitamos creer en nuestras capacidades para cambiar.

Sentir la emoción de lo que queremos. Imaginar y visualizar el estado deseado es en sí recrear la convicción de que existe posibilidad de alcanzarlo: dejar de fumar, hacer más ejercicio, encontrar pareja o trabajo o también ser otra persona más trabajadora, amable, social, generosa, voluntariosa. Muchas personas exitosas, han puesto al servicio de sus logros, sus comportamientos, pensamientos, sensaciones y emociones sin lugar a dudas, con convicción o perseverancia absolutas.

Agradecer. El agradecimiento es una de las etapas finales para prepararnos y cambiar. Reconocer que nuestro objetivo es en si ya una realidad.

 Actuar. En pos de lo queremos, con foco e inteligencia. Es importante la determinación de generar resultados con nuestras acciones, aunque no siempre estemos convencidos de ello. La repetición de acciones, conduce a la eficiencia y realización.

Pongamos el ejemplo de una persona que quiere dejar de fumar. Tiene que tener un objetivo claro, decidir, creer que tiene la capacidad para cambiar su hábito, sentir la emoción que le procura ser una persona no fumadora, agradecer recibir esa habilidad y finalmente rehusar encender un cigarrillo en fiestas sociales o en el trabajo.

¿Qué propósito puede ser entonces inalcanzable?

¡Muy feliz 2015, generador y abundante de resultados!

Susana Ramon

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